Mi gata... justo después de la siesta.
Incluso las plantas se observan y excluyen a sus semejantes.
Pues sí... a menudo echo de menos mi tierra.
Porque a pesar de sus carencias en tantos otros aspectos, a veces me regala pedacitos de Cielo como este (Cala Rajá, en Cabo de Gata).
Ojalá que ese "progreso" que tanto ansiamos como ciudad, nunca llege a estos rincones.
Casi podía tocarla con la mano, cuando le hice la foto... aunque... me alegro de no haberlo hecho ;-P